Bolos a lo bestia: Los bolos asturianos

Si amigos, existen mas juegos de bolos ademas de los típicos bolos americanos o “Bowling” que vimos en “El gran Lebowski”.

Estáis acostumbrados a esas pistas brillantes y pulidas, a esas bolas perfectamente lisas que ruedan prácticamente solas. Tirais a unos bolos perfectamente alineados y clonicos. Todo ello mientras os tomais un refresco y le miráis el culo a la chica que esta lanzando en la pista de al lado.

Lo que no sabéis es que antes de que los yankis inventaran la cocacola, incluso antes de que inventaran su propio país, los seres humanos ya tenían ganas de andar tirando palos con una bola. ¿Creeis que lo hacían en pistas cubiertas con una barra al fondo? No, el campo era su escenario y la tosca madera tallada, el material con el que se elegía a los campeones.

Bienvenidos al rudo mundo de: “Los bolos asturianos”

Es evidente que existen modalidades diferentes de bolos en todo el mundo, pero España es especialmente prolífica en lo que respecta a este deporte. Podéis dirigiros a Wikipedia y ver la cantidad de modalidades de bolos que existen en el norte de España, pero yo os hablare aquí de los que se practican en Asturias, tierra de Don Pelayo, y de mi padre.

Desde que empece a tener uso de razón hasta bien crecidito, no hubo un solo verano que no pasasemos en casa de mi abuela en Asturias. En Cezana concretamente, una pequeña aldea del concejo de Belmonte de Miranda. Era típico que durante los festejos de “San Bartuelu” (San Bartolome para los cristianos) se organizara un pequeño torneo de bolos en el pueblo, al principio al lado de la capilla, aunque años mas tarde se trasladase a la propia entrada del pueblo (terreno un poco mas liso). Pues bien, ¿Que era lo que yo, con mis ojos de tierno infante veía entonces? La respuesta es sencilla, una panda de adultos lanzando bolas por el aire, cual catapultas humanas intentando derribar pequeñas torres de madera.

El tiro

En un pueblo como el mio, no existían bolas prefabricadas ni bolos comprados en la tienda de deporte de la esquina. Cada bola era tallada por su propio jugador, con mas o menos fortuna. De ahí que la mitad de las bolas lo único esférico que tenían era el nombre. Lo bueno era que la bola no debe rodar por el suelo, si no volar hasta encontrarse con su destino. Los bolos no corrían mejor suerte, ya que se limitaban a 10 (9 altos + 1 pequeño) maderos con forma de cuña, tallados con igual fortuna, imposibilitando el poder dejarlos en pie sobre una superficie lisa. En este caso el terreno era una ventaja, ya que al jugarse sobre tierra y hierba, era posible asentar los bolos con facilidad. Los bolos se colocan en una matriz de 3X3, con uno pequeño en una de las esquinas.

El juego se compone de 2 fases para cada participante, “el tiro” y “el birle”. El tiro consiste en lanzar la bola por el aire e intentar tirar cuantos mas bolos mejor (lógico). La distancia en mi pueblo era aproximadamente unos 15-20 metros (nunca he sido bueno midiendo a ojo). Una vez la bola ha caído, llega el momento de birlar, que no es mas que colocarse al lado de los bolos e intentar tirarlos desde cerca. Aquello que en teoría es fácil no tiene por que serlo, así que un “birle” podía perfectamente terminar con todos los bolos en pie.

Paisano "birlando"

Tras los mayores, los niños siempre íbamos a jugar cuando nos dejaban y creo que pocos juegos me han divertido tanto como este. Ni el fútbol, ni el baloncesto, ni ningún otro. Cuando estábamos en el pueblo, deseábamos que los mayores terminaran para poder tirar unos cuantos bolos. A mi me gustaban las bolas cuanto mas cuadradas mejor, porque así cuando caían, rodaban poco y podías tirar mas bolos alrededor; las redondas siempre rodaban rápido fuera de la zona de los bolos.

Mi recuerdo de aquellos bolos es el de un niño que mira maravillado como se puede lanzar una bola de madera (tocón de madera mas bien) tan lejos y conseguir tirar unos cuantos bolos. Es el recuerdo también de reír al ver como algún “birle” terminaba en una bola pasando entre los bolos sin siquiera rozar uno de ellos. Es también el recuerdo de querer ver a mi padre tirar mas bolos que nadie.

El año pasado pude volver a Cezana y tuve la oportunidad de ver de nuevo este noble deporte, enraizado como ningun otro en la zona, y pude comprobar como todo seguía igual: toscas bolas pero talladas a mano, y bolos que no eran mas que ramas puestas en pie. Asi que os recomiendo a todos que si vais por el norte de España y os encontráis con algún pueblecito en fiestas, os deis una vuelta a ver si os topais con el torneo de bolos de rigor, lo disfrutaréis, y si es con una sidra en la mano, pues mejor.

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