Dragon Ball: Ahí empezó todo…

1990, Agosto, Alicante. Los hermanos Salgado ven la tele tras haber pasado una mañana en la playa. En una parada al llegar al “Canal 9”, una imagen se graba en sus retinas: Un niño con los pelos de punta, rabo y un palo en la mano se dedica a repartir tollinas a varios enemigos antropomórficos. Este es el momento en el que la vida de 2 personas da un vuelco. Llamadlo reset, Alfa, Omega, Renacimiento o como queráis, pero a partir de ese momento, la vida ya no será lo mismo.

El profundo trauma de ver unos dibujos en la tele dedicados a las artes marciales (por aquel entonces nos encantaban las películas “de chinos”) nos abrió un mundo nuevo. Sin embargo todo lo bueno se acaba, y cuando las vacaciones terminaron, volvimos a Madrid con un puñado de episodios en la memoria, pero ninguna esperanza de volver a ver a aquel niño que hablaba en valenciano.

Pero el destino hizo que telemadrid, un año después comenzara la emisión de “Bola de Dragón”, y ahí fue cuando caímos definitivamente en las garras del frikismo mas absoluto.

Cuantas cosas podría escribir acerca de “Dragon ball”. Las aventuras de Gokuh era el gran momento del día. A las 20:30, después de cenar (intentábamos que mi padre nos hiciese la cena antes para poder verlo tranquilamente) disfrutábamos de esos 20 minutos de anime, en el que Gokuh se las veía con enemigos cada vez mas absurdos: Desde Yamcha a Pilaf,  pasando por un androide con cara de Terminator o Tao-pai-pai. Asistir a los torneos de artes marciales, deseando que Krilin pegara una paliza a alguien y que el Maestro Tortuga empezara a babear mientras miraba a Bulma era algo que no nos queríamos perder por nada del mundo.


Sin darnos cuenta, aquello nos estaba transformando, el manga entro en nuestras vidas por la puerta grande y, en el caso de mi hermano, fue el detonante de su vocación, y de su actual profesión. Porque no solo veíamos la serie, dibujar a Gokuh era algo que podíamos estar haciendo durante horas. Aun conservo todos y cada uno de los dibujos que hice en aquellos años. Cuesta pensar que algunos de esos dibujos tengan casi 20 años ya.

La historia posterior fue de lo mas lógico. Del anime pasamos a comprar la serie roja del manga. Cada 15 días devorábamos nuestra ración de Akira Toriyama (por aquel entonces enfrascado en la saga de Célula). Comenzamos con el numero 18, y mas tarde el completismo hizo que la serie blanca fuese el siguiente objetivo, aunque solo conseguimos completar la serie cuando se reedito en tomos similares a los japoneses. Tras aquello, todo lo que vino después es bastante predecible. De “Dragon Ball” pasamos a comprar otros mangas (Appleseed, 3×3 Ojos…) y a conocer la famosa ruta de librerías de cómics de Madrid (había que conseguir números atrasados). Esas tiendas de cómics eran el paraíso para nosotros. Cantidades ingentes de merchandising vaciaban nuestros bolsillos. Rami-cards, pósters, figuritas… ¡Hasta tengo un avión de corchopan de Gokuh y compañía!.

Pero no todo era coleccionismo: Gracias a “Dragon Ball” puedo decir que conocí a uno de mis mejores amigos. Aun me parece increíble que de vez en cuando sigamos hablando de “Dragon Ball” tras tantos años.

Hoy día, 20 años después de haber conocido a Gokuh, mi hermano y yo aun no hemos podido escapar de la que es nuestra mayor afición. Coleccionar cómics es al final, un modo de vida, y “Dragon ball” fue el punto de inflexión que nos hizo llegar a ser como somos actualmente..

¡Vamos con afán!

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