Superlópez

Si hay algo que me trae recuerdos de mi infancia a cascoporro, son los tebeos de Bruguera. “Mortadelo y Filemón”, “Zipi y Zape”, “Chicha, Tato y Clodoveo”, “Anacleto”, y, sobre todo, “Superlópez”.

Mientras el resto de tebeos de Ibáñez o Escobar, basaban su estructura en historias mas o menos cortas (con excepción de lo que yo llamaba “superaventuras” como “Valor y al toro”, “Chapeau el esmirriau”, etc…) “Superlópez” solo existía en álbumes  independientes que contaban una historia larga, desde el principio hasta el final (mas tarde descubrí que al principio no era así…). No tenia tiras ni pequeños guiones como “Pepe Gotera y Otilio”. Superlópez estaba escrito a lo grande.

“Superlópez” siempre tuvo el mejor dibujo, estaba coloreado con mimo y cuidado y los personajes tenían un fondo que les faltaba al resto de producciones de Bruguera. Jan, su autor, primero a dúo con Francisco Pérez Navarro y mas tarde en solitario, componía un personaje y un universo propio rico en detalles, no solo en cuanto al dibujo, si no también en la composición de un mundo a medio camino entre la parodia y la realidad.

El primer álbum que cayo en mis manos fue mi querido “El señor de los chupetes”. Una obvia parodia de “El señor de los anillos” (aunque por aquel entonces no tenia ni idea de quien era Tolkien…) que devoré, sin exagerar, cientos de veces. Incluso tenia dos copias del álbum, una para mi hermano y otra para mi. Aun conservo una de ellas en casa de mis padres.

Tras esa primera toma de contacto el resto de álbumes fue cayendo en mis manos paulatinamente hasta el que consideré durante muchos años como ultimo numero de la colección, “La gran superproducción”. Esos 9 álbumes (8 en realidad, pues “¡Todos contra uno, uno contra todos!”  jamás lo tuve hasta hace escasamente 1 año) eran la cumbre del tebeo hispano y nunca dejaron de embelesarme con sus historias. Adoraba la mitologia de “La caja de Pandora” o el estudio ideologico que es “Los cabecicubos”. Mas tarde descubrí que Jan continuaba con las historias de “Superlópez” pero, bien por desinterés o vagueria, nunca leí ninguno mas allá de “La gran superproducción”.


Hace poco, adquirí los 2 primeros recopilatorios de “Súper humor”, que contienen los números del uno al diez, y tuve la oportunidad de leer “Viaje al centro de la tierra”. Volver a leer una historia de mi querido “Superlopez” fue una extraña sensación. No lo llamare decepción, y no se si al resto de fans les pasara lo mismo, pero no había color entre esa décimo álbum y los 9 anteriores. Hoy en día aun puedo releer “Los cabecicubos” y encontrar nuevos detalles. Puedo seguir sorprendiéndome con cada giro de guion, pero no conseguí apasionarme como antaño con esa historia. Quizás fue el entorno de la aventura, sin ese escenario urbano, sin todo el elenco de secundarios ya conocidos. Quizá los siguientes álbumes me devuelvan aquello que considero perdido en el décimo, pero desde entonces, no he vuelto a leer ninguno mas.

Mientras tanto, llamadme nostálgico, pero seguiré disfrutando mientras “Superlopez” cae una y otra vez por el agujero de su piso en “La semana mas larga” o mientras se dedica a huir de pseudo-nazis cuadriculados en “Los cabecicubos”.

Por que para mi, Conan siempre será “Tronak el karbaro”.

¡¡¡Un cilindrin, fotero!!!

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