“Scott Pilgrim vs. the World”: Amor y Videojuegos

Decir friki es poco. Decir pasada de vueltas es muy poco. Decir que me ha gustado es poco también. Ayer por fin saque un par de horitas para ver “Scott Pilgrim vs. the world”, basada en el comic del mismo nombre,  y de lo único de lo que me he arrepentido es de no haberla visto antes.

Se podría decir que el punto de partida es típico y vulgar: Chico con largo historial de relaciones fracasadas (debido fundamentalmente a sus rarezas), conoce a la chica de sus sueños y decide conquistarla. Pero esta claro que la normalidad termina aquí. La película es un viaje continuo a través de un lisérgico mundo infestado de tópicos relacionados con el mundo de los videojuegos. De hecho, es probablemente la mejor película de videojuegos, no solo por temática, si no por su uso de la semiótica propia de bits y joysticks.

El comienzo es toda una declaración de intenciones: El logo de la universal, totalmente pixelado y con una musiquilla que podría haber estado generada por una NES, da paso a la presentación de personajes. Scott toca en un grupo con sus amigos, y actualmente sale con una chica de 17 años, circunstancia que es objeto de mofa por parte de sus amiguetes. Conocemos que Scott tiene un largo historial de corazones rotos, incluyendo el suyo propio, y todo apunta a que esta vez, volverá a hacer daño a otra chica mas. Todo se hace evidente cuando conoce a Ramona (Mary elizabeth Winstead), literalmente la chica de sus sueños.

A partir de este punto, el argumento enloquece y asistimos a una hábil metáfora acerca de las relaciones. Scott deberá abrirse paso a través de todos los ex-novios de Ramona, para poder convertirse en su chico.

Evidentemente no estamos ante una película al uso. No es que Scott deba superar el recuerdo de los ex-novios de Ramona, para que ella por fin le ame. Cuando digo que deberá abrirse paso, es que deberá liarse a mamporros con cada uno de ellos como si de un “Street Fighter” se tratara. Golpes, combos, katanas, efectos a lo “Dragon Ball”, explosiones, vidas extra y un sinfín de recursos que estamos acostumbrados a ver en nuestros queridos ordenadores y consolas (la escena en la Scott va al baño y vemos su barra de “meado” menguar a medida que vacía su vejiga es absolutamente genial).

Pero, no os confundáis, tras esa pátina de frikismo y efectos demenciales, se esconde un historia de amor muy bien contada, con unos personajes realmente bien construidos. Desde Scott, que es un chico que sabes si es victima o verdugo en asuntos del corazón (un poco como somos todos) hasta Ramona, personaje realmente atractivo, con sus luces y sombras también. Completan el elenco unos secundarios muy divertidos, algo menos definidos pero perfectamente identificables y unos antagonistas a cada cual mas bizarro, destacando sobre todo a Brandon Routh, el vegano super-saiyan y a Chris Evans (memorable su pelea con Scott y la consiguiente demostración de Skate)

En resumen, película con mucho ritmo, detalles frikis, personajes geniales, sensibilidad y que ya estáis tardando en ver.

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