Mastodon, The Hunter, la perspectiva del tiempo

Mastodon llevan años (casi décadas ya…) en la primera división del metal, sin dar tregua y sin firmar un solo disco que podamos calificar de malo. Aunque es justo reconocer que este The Hunter (2011) fue un mazazo en su día para aquellos que ahora añoran sus días mas fieros.

Tras Crack the Skye (2009), el siguiente paso no estaba nada claro, y aunque dicho álbum supuso ciertas roturas con su estilo más primigenio, no dejaba de ser una evolución de su sonido progresivo. Sin embargo con The Hunter abandonaron toda conexión con la progresión y el enrevesamiento y firmaron el que es hoy su disco más ecléctico, variado y diferente. Una rareza que a mi en su día me dejo bastante frió, sobre todo teniendo en cuenta que su predecesor es la cumbre de su evolución musical y mi disco favorito de los últimos 10 años.

El álbum del cazador se abría con Black Tongue , un trallazo. Simple, directo y crudo. Un refinamiento de sus más rápidas composiciones. Se mantenían esos cambios de ritmo y la parte instrumental, contenida pero con sus habituales estructuras, nos transportaba a lugares comunes con Blood Mountain (2006).

Pero he aquí que llega Curl of the Burl. Un tema que podrían haber firmado Queens of the Stone Age, con un riff espectacular pero que se salia de todo lo que Mastodon había venido haciendo desde sus comienzos. Ese estribillo amigable y esas estructuras más rockeras te dejaban con el culo torcido. Comercial es la palabra que se usó para definirlo, y no faltaba razón.

A partir de ahí, se sucedían varias canciones muy simples, compuestas prácticamente de estrofa y estribillo, sin casi partes instrumentales y carentes de toda progresión. Blasteroids y Stargasm entran en esa categoría, destacando los coros geniales de las estrofas y el cambio de ritmo que rompe la canción Blasteroids a la mitad. Stargasm es la que mas recuerda al Crack the Skye sobre todo por si introducción, pero carente, como decíamos antes, de cambios de ritmo y sorpresas. Es como si Mastodon se hubiesen olvidado de hacer crecer sus canciones. Y aun así, no me malinterpretéis, los temas son impecables.

La parte central del disco es de lejos la que más chicha tiene, aunque Octopus has no Friends sea de las más flojas del disco por muy progresiva que sea y su estribillo recuerde a Black Sabbath.

Pero la terna de canciones que viene bien merece reseñarse. All the heavy lifting nos devuelve a los Mastodon mas interesantes y trabajados. No solo el estribillo es perfecto si no que la parte instrumental tiene todo aquello que echamos de menos en el resto del disco, un desarrollo a la altura que llevar la canción por otros derroteros. Le sigue el tema que da titulo al disco, un medio tiempo de los que tanto gustan a los de Atlanta, impecable y emocionante.

Dry Bone Valley es una de mis favoritas del disco aun teniendo ese halo medio pop. Pero es que la estrofa me flipa, con esa voz de Brann Dailor y esas reminiscencias a Queens of the Stone age (otra vez), “Head down running from the beast. Break neck speeding, taken down on my birth…” , Sencillamente genial.

Thickening es de esas a las que ni hacia caso hace años pero ahora me han sorprendido gratamente. Una intro muy jazz y la parte instrumental es oro puro, marcando la tendencia a seguir en los siguientes albumes del grupo.

Con Creature Lives, uno empieza a cansarse del disco. Y es que es uno de los defectos del disco, demasiados temas. Este es uno de los que yo habría dejado fuera, por muy simpática que sea y por mucho que recuerde a una peli de monstruos de los años 50.

Encaramos la parte final del disco con Spectrelight, que quizas debería haber sido el single, y que es, junto a Black Tongue, la mas dura y rapida del disco. Tras ella viene la olvidable (y descartable) Bedazzled Fingernails y el majestuoso final de The Sparrow, el mejor tema del album y un broche de oro para este desigual The Hunter.

Tras la escucha, años después, uno se da cuenta de que el disco esconde mas de lo que parece, y que, aun con su excesivo numero de canciones y su aparente intencionalidad consciente, no es tan malo como uno pensaba.

Muchas veces el tiempo es un juez implacable que destroza cualquier expresión artística condenándola al olvido. Obras, hijas de su tiempo que desaparecen del imaginario colectivo sin dejar casi huella. En otras ocasiones lo que no llamo la atención en su día, se convierte por derecho propio en algo a reivindicar, como es el caso de este quinto disco de Mastodon.

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