El Bar, como la vida misma

Pues si, tras escribir mi entrada dedicada a El día de la bestia, tuve que revisarla una vez mas, y como no podía ser de otro modo, decidí recuperar alguno de los últimos films de Alex de la Iglesia que aun no había visto, decantandome finalmente por El Bar.

Eran las doce de la noche, la vi en la cama y los ojos no hicieron amago de cerrarse en ningún momento. A nivel de ritmo e interés no decae en ningún momento, es Alex de la Iglesia en estado puro, tenso, con nervio, y mucho mas.

Porque el Bar nos retrata tal y como somos.

SPOILERS AHEAD!!

Es un dibujo de una sociedad y una forma de ser que nos persigue y nos define. Capaces de lo mejor y de lo peor. Las mezquindades salen a la luz en los peores momentos y nos convertimos en seres egoístas, pero con pequeños atisbos de esperanza.

La cámara nos coloca delante una serie de arquetipos que no lo son tanto. Reales y sorprendentes, tal y como somos las personas. El foco de la pelicula, situado sutilmente sobre el personaje de Blanca Suarez nos invita a prejuzgarlo todo. Es un ejercicio de metacine inmenso porque a lo largo de los primeros minutos no vamos conociendo a los personajes, si no que los vamos juzgando, entrando en el juego que se nos propone con el Mcguffin inicial.

Así, conocemos a la pija superficial y engreída, al barbas mas poser, al pobre que no queremos tocar, a la dueña del bar con síndrome de madre, o al policía fascistoide. Todos hemos conocido alguien así en nuestras vidas, pero todos ellos nos van sorprendiendo al o largo de la película. Son los mas mayores los mas egoístas y miedosos, contrariamente a lo que podamos pensar, y es la chica mona la única con dos dedos de frente durante casi toda la película, aun a pesar de su creencia de estar por encima de los demás, cosa que irónicamente al final ocurre, pero no del modo que pensamos.

Todos los personajes suponen una mirada ácida a lo peor de la sociedad actual, y también a la herencia mas rancia de ella. El aislamiento digital, el complejo de superioridad, el pasotismo, las ideas fijas y la inflexibilidad, y entre todas ellas, la incapacidad por ponerse en el lugar del otro.

Hay un monologo, pronunciado por Satur, el afable camarero interpretado por Secun de la Rosa, y replicado por Trini (Carmen Machi), la amante de las tragaperras, que se me ha quedado grabado, por el mazazo que supone a dicho personaje, a los propios espectadores, y que dibuja un resumen tanto de la película en si, como de nuestra vida real. En él, Satur, visiblemente alterado, indica a Trini que esta harto de su actitud en su día a día, pasando de los demás, encerrada en sus problemas, espetándole que la vida hay que afrontarla y esforzarse para relacionarse con otros y ser amable, un punto de vista que una vez escuchamos, nos pone de su lado, y uno se descubre asintiendo a todo lo que ha soltado Satur, hasta que la pobre Trini confiesa la razón de su comportamiento: la vergüenza. En ese momento, la perorata de Satur de desmorona por completo, desvelando la falta de empatia entre ellos, y la nuestra también. Todos juzgamos, hacemos nuestro dictamen, y no pensamos en el otro, no empatizamos y desconocemos lo que empuja a los demás a hacer lo que hacen. Es algo apuntado durante toda la película pero perfectamente verbalizado en esta escena.

Entre tanta mierda y desconfianza, el tramo final nos devuelve al Alex de la Iglesia mas histérico con una persecución a través de las cloacas de Madrid impecable, llena de tensión y violencia. Tras todo ello, nos lanza un rayo de esperanza en forma de sacrificio final. Aun mostrando miserias humanas, los guionistas nos dejan ver que también podemos marcar la diferencia en ocasiones. Capaces de lo mejor y de lo peor.

El final de la película, clavado al de El día de la Bestia, nos deja a Elena paseando por Madrid, traumatizada por todo lo ocurrido, sin poder contar nada a nadie. Eso si, mientras la sociedad la juzga y la mira con lastima o asco (“a saber que se habrá metido”, dice una persona al mirarla…). Todos creyéndose moralmente superiores a todos, como la vida misma.

Como notas negativas hay que mencionar algún giro de guion un tanto increíble (móviles impolutos tras un incendio, el agrandamiento del agujero a base de golpes…), y el pequeño spoiler que suponen los créditos iniciales, que adelantan el origen de su encierro y que consigue que no tomes como algo olvidable la entrada del personaje que tose al comienzo de la película, como así debería ser. Pero son detalles nimios que personalmente no me han fastidiado la película.

No quería terminar sin apuntar el ultimo acto egoísta que ese final supone, con una superviviente que, sin saber si realmente ya no esta infectada o no, vuelve al mundo real, quizás para condenarlo por completo. ¿Egoísmo o castigo? quien sabe…

Frikeanos algo...

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