Critters

De todas aquellas películas de monstruitos realizadas al amparo del éxito de Gremlins (Joe Dante, 1984), la que recuerdo con más cariño es Critters.

Aprovechando el haberla visto con mi vástago no he podido dejar pasar la oportunidad de dedicarle unas palabras. ¿Habrá soportado el paso del tiempo?

Lo primero que me ha llamado la atención del comienzo de la cinta es su calmado desarrollo, mostrándonos y presentándonos a los personajes en sus quehaceres diarios. Así conocemos a nuestros protagonistas, una familia rural americana como tantas otras y a los, a veces, peculiares habitantes del pueblo en el que viven. Como decía el desarrollo es muy tranquilo y durante la primera mitad de la película es realmente lo único que vemos, con pequeñas apariciones de nuestros cazarrecompensas favoritos.

Llama la atención el retrato de la familia, casi más de los años 50 que de los 80, en los que un padre autoritario y casi anciano mantiene a una familia compuesta por una madre mucho más joven, un hijo aficionado a los petardos y una hija que descubre un mundo más allá de su casa y el campo que la conecta con tiempos mas actuales. Es el contrapunto de las familias medias americanas que tan bien retrata Spielberg en sus producciones.

La mas que correcta presentación de personajes hace que uno uno disfrute mas con la parte divertida que esta por llegar, empatizando con el joven protagonista y disfrutando con los Cazarrecompensas llegando a la tierra. Como curiosidad, el mercenario espacial que toma prestada la identidad de ese artistazo que es John Steele, esta interpretado por Terrence Mann, el actor que da vida al villano de una de las mejores series de los últimos años, Sense8.

Así que, una vez comienzan las hostilidades, asistimos a un festín, nunca mejor dicho, de Critters comiendo cosas, vacas, personas, y a una orgía de destrucción perpetrada por los dos cazarrecompensas, cuyas apariciones son cada vez mas absurdas y divertidas, con especial énfasis en la secuencia acaecida en la iglesia del pueblo, en el que el segundo alíen vuelve atener una crisis de identidad y se transforma en el cura del pueblo.

El tramo final, un asedio en toda regla al a casa de los Brown, en los que los Critters hacen lo que quieren mientras llegan sus cazadores, es tensa pero típica, aunque todo se desinfla en al tramo final que sucede en la nave con la que los Critters llegan a la tierra, ya que, aunque hasta el momento la factura técnica y formal de la película es correcta, es en este punto cuando empiezan a versele las costuras del bajo presupuesto. Y aun así, hay que reconocer que mola.

Una película divertida, que sin ser horrible, no ha aguantado el paso del tiempo como yo creía y que funciona mucho mejor en su tramo tranquilo inicial que en la parte de espectáculo, con excepción de las apariciones de los Cazarrecompensas. Va de mas a menos.

Es curioso como en mi cabeza se han mezclado esta cinta y su secuela, que recuerdo con más cariño si cabe, así que toca revisarla en breve…

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