Dark Schneider, Todo un Bastardo del Manga

En esta época que vivo últimamente, en la que poco a poco estoy volviendo a aquello que tanto me dio en los 90, no podía faltar un artículo dedicado al que durante mucho tiempo fue mi manga favorito, Bastard!!, de Kazushi Hagiwara.

Fantasía heroica, elfos, enanos, magia, espadones y Heavy Metal. Era el coctel perfecto para alguien como yo, que venía de leer a Tolkien y cuya banda sonora vital eran grupos como Blind Guardian.

El primer contacto con Bastard!! fue a través de un tomo de de importación que conseguimos en Crisis Comics, en concreto el número 15. El tomo era (y es) sencillamente espectacular. Hagiwara en su cúspide como dibujante, una épica grandiosa y paginas sencillamente sublimes. Un apocalipsis de tinta y trama en el que me sumergía aun sin tener ni idea de japonés. Todo ello provocó que cuando Planeta se animó a publicarla en nuestro país, el desencanto fuese máximo. La edición española, espartana y fea como ella sola, palidecía ante la japonesa, muchísimo más bonita. De hecho, era la primera edición en tankoubon en España, y no estuvo a la altura ni de lejos. Y lo que fue más duro, el dibujo de Hagiwara en dicho primer tomo fue todo un jarro de agua fría. Un dibujante aún muy verde, que venía de asistir a Izumi Matsumoto, y cuyas viñetas guardaban muchísimo parecido con el estilo del creador de KOR.

La edición española… fea es decir poco

Sin embargo, la lectura de los primeros tomos se disfrutaba por su mezcla de humor, salvajismo, y referencias metaleras. La historia se cocía a fuego lento, mientras Hagiwara evolucionaba como autor. Y menuda evolución! en 10 tomos, el cambio era abismal, ya no solo a nivel gráfico, si no que la historia, avanzaba hacia una conclusión épica. El humor seguía ahí, pero mas esporádicamente y la espectacularidad se adueñaba de todas y cada una de las páginas.

Hasta que a la altura del tomo 18, todo se fue a tomar por saco. El arco en curso sufrió un elipsis que nos dejó sin saber que le ocurriría a nuestros héroes o que pasaría con el apocalipsis. Y tras ello, la indefinición total y el esperpento. El manga a partir de ahí, abandonó toda épica e historia para abrazar un desarrollo de pelea tras pelea adornado con tetas y culos. Muy bien dibujado, eso si, pero insuficiente tras los maravillosos tomos previos.

Y aun así, merecía la pena bucear entre las viñetas. Algunas auténticas obras de arte, y algunos capítulos recuperaban cierta épica e intentaban crear un hilo conductor razonable. Meros espejismos. Nunca ha vuelto a levantar el vuelo tras el tomo 19.

Lo que nunca cambio fueron las pequeñas historias de con las que Hagiwara nos contaba la vida en su “studio loud in school” en las que generalmente se disculpaba por la cadencia errática de su famosa creación. Muchos tomos se completaban también con bocetos y diseños que da gusto ver.

Siempre es un placer empezar de nuevo su lectura, y disfrutar con las andanzas de Yoko y Lucer, con los equívocos entre ellos y con la chulería de Dark Schneider. Y también con los secundarios, como Lars, Kai o Abigail… y llegar hasta esa maravilla que comprende los tomos 10 al 17, que da gusto leer. Y por mucho que haya degenerado, Hagiwara sigue siendo un dibujante espectacular. Nunca me cansare de contemplar la portada de ese tomo 15, que aún hoy me hipnotiza y que considero, de lejos, la mejor ilustración de su creador.

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