Scream: ¿cual es tu pelicula de terror favorita?

No hace mucho, me encontré con Scream 4 haciendo zapping, y, mientras confirmaba lo poco que me gusta una vez mas, alcé la vista hacia la estantería para encontrarme con el DVD de Scream de nuevo. Multitud de recuerdos vinieron a mi mente y a medida que recordaba lo bien que lo pasé con la trilogía original dirigida por Wes Craven, me decía, “¿porque aún no he escrito acerca de ella…?”

El Slasher siempre ha formado parte de mi cultura cinéfila. Desde las turbadoras imágenes de Psicosis en la televisión, hasta el traumático final de Viernes 13 con decapitación incluida, el género ha estado presente en aquellas maravillosas visitas al videoclub del barrio durante los 80 y 90. Scream vino a renovar y homenajear el género a la vez que lo enterraba. Porque tras la obra de Craven y Williamson plagada de metalenguaje, el género no ha vuelto a dar señales de reinvención, con algunas excepciones, cuyos ejemplos más reseñables podrían ser Cabin in the Woods, It Follows o Feliz día de tu muerte.

Pero no estamos aquí para hablar del género, sino de su exponente más consciente de sí mismo. Scream surgió de la mente de Kevin Williamson en los años 90, convirtiéndole en una auténtica estrella del libreto. Primero gracias a sus incursiones en el cine de género, y mas tarde a su trabajo en Dawson Creek, llegando incluso a dirigir una película, la estimable, y olvidada, Killing Ms. Tingle. El guion de Scream, originalmente llamado Scary Movie, vendido a Miramax, se convirtió en el siguiente trabajo de Wes Craven tras las cámaras, y el resto es historia.

Scream igualo el éxito de Pesadilla en Elm Street, otorgando a Wes Craven una segunda edad dorada, que aprovechó para completar una trilogía acerca de las correrías de Ghost Face y Sidney Prescott con desiguales resultados.

En aquellos tiempos, Scream se convirtió en una auténtica obsesión para mi hermano y para mí. Aficionados al género desde hace años, Scream era algo que esperábamos antes de su estreno. Reportajes en la famosa revista Fotogramas y en otros medios mas aficionados, como el estupendo fanzine Mundo canalla, calmaban nuestras ganas de ver la película, hasta que, evidentemente, pudimos verla en cine. Maravillosas casi 2 horas que pasé en aquella sala. Comenzando por la recordada secuencia inicial con Drew Barrymore, auténtico clásico del Slasher que ya nos metía en el juego metalingüístico que definiría la saga, y finalizando por la orgía de asesinatos que supone el gran final de la película.

Disfrutamos de su falta de pretensiones, del meta-juego, de los protagonistas, de Randy (como no) y de las sorpresas que el guion de Williamson nos tenía reservadas. Al menos en mi caso, descubrir que había dos asesinos al final me supuso todo un giro. Después darle vueltas durante toda la película a como podía estar el asesino casi en varios lugares a la vez, la revelación de la pareja asesina me resulto muy estimulante.

Como si fuese ayer, recuerdo ir a la FNAC a comprar la edición especial de la película en VHS, que incluía una máscara de Ghost Face, que aún hoy conservamos, y que utiliza mi hijo para darle sustos a sus abuelos…

Una de las cosas mas aplaudidas es el hecho de tener un enemigo reconocible pero que no tiene por qué ser el mismo en cada entrega. Por ello, aunque al final de Scream se había dado carpetazo a la historia, el anuncio de Scream 2 no nos tomó por sorpresa. En la secuela, el juego metacinefilo va mas allá y compone la que muchos consideran como la mejor entrega de la saga. En este caso, Craven juega con las convenciones del teatro y nos entrega una cinta de las más elegantes de su filmografía. Además, pasábamos de la sorpresa inicial, a un universo más rico, en el que se profundizaba en personajes y situaciones. He de reconocer que aunque la disfruté muchísimo, ha sido con el paso de los años cuando he terminado por considerarla a la altura de la primera.

No paso lo mismo con la tercera entrega. Llego en el 2000, con todo el pescado vendido. Al revival de este tipo de cine estaba ya en su ocaso, y Scream 3 agotaba la formula. Aun así se pueden recuperar sus intentos por profundizar en el pasado de la madre de Sidney y todo ello le da bastante empaque, pero las situaciones de tensión ya no eran las mismas y los personajes parecían mas planos que en anteriores entregas. La ausencia de Williamson al guion pasó factura.

Y aun así, veo la trilogía original como una solida muestra de cine de genero. Una en la que cada secuela respetaba a sus predecesoras en lugar de explotarlas, como era habitual en dicho tipo de cine. Scream 4 (con Craven y Williamson de vuelta) actualizó el tema para las nuevas generaciones, con algo de oportunismo y algo falta de ideas, pero siempre me quedare con mis “gritos” originales.

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