Alien

Todos recordamos la primera vez que lo vimos. Bien sea saliendo del pecho de Kane, o apareciendo entre las sombras para lanzar su famosa mandíbula matrioska. El Xenomorfo es simiente de pesadillas para todos aquellos que lo conocieron en su tiempo. Una criatura implacable, de carácter insectoide con diseño turbador y biomecánico, que sigue sin ser superado en el imaginario fantástico por más que se esfuercen.

Pero todo hubiese sido en vano sin un entorno y una historia que le diese empaque. El proyecto no lo tuvo fácil y pasó por muchas manos, gracias a las cuales, Alien se convirtió en lo que es hoy en día, un trabajo colectivo que es por méritos una de las mejores películas de la historia del séptimo arte.

Partiendo de un guion de Dan O’Banon y Ronald Shusett, adoptado por Walter Hill y David Giler, todos los que aportaron algo a la película dejaron de algún modo su ADN imbuido en la criatura. Sus propios creadores vieron como su pequeño retoño, iba siendo moldeado dolorosamente por otros. Poco quedaría del primigenio regusto a comic pulp de la época en el metraje. Pero como el propio O’Banon asumió en la proyección de la película, llorando, Alien es como debe ser, y no haberla hecho de ese modo, habría supuesto fracasar.

Desde el comienzo, hay algo en la película que incomoda, que se materializa posteriormente al ver la nave alienígena que dibuja el horizonte del planeta LV-426. Ese diseño, totalmente inesperado y extraño, de aspecto biológico, es la primera patada en las expectativas del espectador. No quiero ni imaginarme como fue la experiencia de verla en su época sin saber absolutamente nada de ella, y sin tener ningún referente similar previo. Un artista underground suizo, único, elevó el aspecto de la película a un nivel nunca igualado.

Dicen que Scott decidió el aspecto del Alien al vuelo, tras quedar impactado por la ilustración Necronomicon IV del genial H.R. Giger. Un retorcido concepto fálico, al que solo hubo que retocarle unos ojos que desaparecerían del diseño final para dar forma a la que es, probablemente, la criatura más terrorífica jamás filmada.

Y no solo el Xenomorfo: el Space Jockey, los huevos, y el abrazacaras. El trabajo de concepto es sublime y la confusión del espectador máxima. Nunca te habías enfrentado a nada así en una película. A ello ayuda las continuas referencias sexuales de la parte biológica del film. Llega, se instala en tu cabeza sin darte cuenta, y no hay vuelta atrás.

Pero no solo la imaginería del suizo brilla. Todo el diseño industrial de la película, obra de Ron Cobb, en contraste con las retorcidas ideas de Giger, es funcional y realista. Muy en las antípodas de la por aquel entonces rompedora Star Wars. Súmale diversas aportaciones del genial Moebius y ya tienes un auténtico triunfo a nivel gráfico.

Y con ese bagaje, dos horas de tensión, gracias en parte a unos personajes excelentemente definidos y unos actores que encajan en sus papeles de manera ejemplar. El libreto nos proporciona pequeñas pinceladas de ellos y ya sabemos cómo son, porque son terrenales y creíbles. A la vez que nos hace sufrir con sus muertes y desapariciones. Y la carta escondida de la película, Ripley, se va erigiendo como protagonista poco a poco, revelándose finalmente como la gran heroína de la cinta. Un movimiento magistral. Tampoco ha habido una heroína como ella durante los 40 años que nos separan del estreno del film.

De entre todas las escenas violentas de la película (pocas en realidad), quizás las mas turbadora no incluye al Xenomorfo. El conflicto entre Ash y Ripley se convierte en una de las escenas mas incomodas que he tenido el gusto de ver, comenzando por el intento de ahogo con revista que sufre Ripley, hasta el fin de fiesta, con el androide tirado en el suelo bañado en la blanca sustancia que corre por sus artificiales venas. Es curioso que sea esa la imagen que mas me traumatizó de Alien. Pero claro, a excepción del nacimiento del “Chestburster”, el resto de muertes están rodadas con excepcional elegancia y buen gusto.

Porque Ridley Scott es un auténtico maestro, o al menos lo era. Los planos de los personajes, siempre enseñándonos algo acerca de ellos y, por supuesto, en el aspecto mas técnico del film, jugando con las sombras, en unos escenarios fotografiados con un gusto estético excelente, que nos meten de lleno en la Nostromo.

Es difícil no caer hipnotizado ante todas las virtudes de Alien. Y mas difícil es dejar de escribir acerca de ella, por mucho que ya se haya dicho todo de la que, aun hoy, sigue siendo la película mas perfecta de su director.

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