Tetsuo: Pesadilla industrial

Tetsuo (Shinya Tsukamoto, 1989) fue el primer VHS publicado por Strong Video, el subsello de Manga video que surgió para dar cabida a propuestas de imagen real underground, con ejemplos tan destacables como esta Tetsuo y su secuela, y Braindead, del hoy mega famoso Peter Jackson. La portada de Tetsuo, pixelada y con detalles metalizados, llamo la atención de mi hermano, quien no dudó en adquirirla para su colección de cine oriental.

La primera reacción tras ver Tetsuo por primera vez, fue de desconcierto total. Con apenas 17 años, enfrentarse a tal despliegue de esquizofrenia y punk audiovisual fue, por decir algo, turbador. Es curioso como la decepción hizo mella en mí tras esa hora en blanco y negro. Nos la vendieron como Akira (Katsuhiro Otomo, 1988) en imagen real y evidentemente no lo era, al menos para mi “Yo” de aquel entonces, que no supo apreciar en toda su dimensión las virtudes de la primera obra de Shinya Tsukamoto. Aun así, la fuerza desatada de las imágenes quedó bien arraigada en mi recuerdo, razón por la cual me dispuse a revisitarla hace un par de noches.

Enfrentarse a Tetsuo no es tarea fácil. Los medios con los que está realizada, distan mucho de ser suficientes para plasmar la grandeza de su planteamiento y, sin embargo, se sobrepone con contundencia a sus limitaciones gracias a los espectaculares recursos exhibidos por su realizador. Stop Motion a tutiplén, una imagen extrema en blanco y negro profundamente contrastada y granulada, dado su origen en 16mm (inflado posteriormente a los 35mm) y una inventiva que sortea toda limitación presupuestaria convierten esta Tetsuo en un milagro cinematográfico del mas alto nivel.

Cerrada a interpretaciones, es a la vez, ligeramente inaccesible en su narración, y es necesario un segundo visionado para comprender en su totalidad la historia que nos plantea. Pero su metáfora acerca de una sociedad industrializada y mecanizada que aliena y transforma nuestra naturaleza humana es clara y ofrece imágenes que ilustran tal cambio con excepcional fuerza. Todo ello, excelentemente ambientado por la industrial banda sonora realizada por Chu Isikawa, deudora a veces del mejor John Carpenter. Pocas veces música e imagen hermanan de forma tan magistral.

No sé si estoy de acuerdo con la etiqueta de cyberpunk con que se suele definir Tetsuo. Si, existe esa obsesión por la simbiosis hombre-máquina y sus consecuencias, pero todo esto funciona mas a una escala individual en el film que nos ocupa. En contraste con los grandes cambios sociales que suelen definir el género. Es, quizás la diferencia entre la visión japonesa y la occidental para con el conflicto de individuo contra sociedad. En el caso de la ciencia ficción y cyberpunk occidental, suele ser el individuo quien provoca cambios sociales, mientras que en la visión nipona, es la propia sociedad quien transforma al individuo sin remisión.

Estructuralmente, adivino en Tetsuo dos partes bien diferenciadas. Mientras la primera mitad del film nos coloca en una especie de metamorfosis kafkiana, la posterior alberga filias mas japonesas como el género kaiju y los enfrentamientos mas físicos, hijos del manga y el anime. Esa primera mitad, juega con el body horror que tan bien ejecuta David Cronnenberg por ejemplo, y con un gore explicito repleto de detalles escabrosos. De hecho, creo no equivocarme si veo múltiples detalles de La mosca (David Cronnenberg, 1986) sobrevolando este Hombre de hierro.

El tramo final, juega con algo quizás más infantil, que es el choque de los dos titanes mecánicos. Sus grandiosas y épicas intenciones, cristalizan en una narrativa basada en la foto fija y el stop motion que dejan sin aliento e hipnotizan a partes iguales. El ingenio y la inventiva de Tsukamoto para salir airoso de dicha tarea son dignos de un genio.

Y el sexo como hilo conductor de todo, primero con la obsesión compulsiva del protagonista con su novia, posteriormente con el famoso taladro-pene, y al final con ese engendro de forma fálica, con el que los dos rivales, ya fusionados, van a joder el mundo.

Tetsuo es un mazazo visual, muchísimo más potente que cualquier producción actual realizada con millones de dólares. Es una interesante reflexión acerca del mundo al que nos encaminábamos en los 90 y en el que nos encontramos actualmente. Y es la confirmación de que la pasión y la voluntad construyen obras por encima de sus limitaciones.

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