The Office: eso dijo ella

No sé cómo he podido estar 8 años sin ver The Office. Me ha dado por continuar donde lo deje, en la quinta temporada y, qué queréis que os diga, me he partido el culo como hacía tiempo que no lo hacía.

Cuando, hace años, quedaba todos los jueves con mi hermano para ver el episodio de rigor de Perdidos, rellenábamos un rato mas viendo alguna comedia como My name is Earl o la que nos ocupa. Y aún recuerdo el momento en que me enfrente al primer episodio de The office. Fueron 20 minutos incomodos, sin gracia alguna pero, lo más importante, diferentes. Lo suficientemente refrescantes como para intentarlo con un par de episodios más. Y tras esa oportunidad, me quede en Dunder Mifflin para siempre.

El primer episodio era raro. Los personajes, frecuentemente, miraban a acamara e intentaban ser graciosos sin conseguirlo, Michael sobre todo (grande Steve Carell), y los demás sobrevivían a sus tonterías como podían. Era todo tan lamentable, que me fue imposible no sentirme atraído por ello. A lo largo de la primera temporada, y sobre todo, la segunda, todo fue virando hacia algo más digerible, pero aun irreverente, extraño y sobre todo incorrecto.

La frase que da titulo a este articulo, hace referencia al habitual chiste que Michael Scott encaja en cualquier frase o situación. Ese Michael, inocente, pero egoísta y mezquino, es el corazón de la serie (no sé qué pasara cuando vea los episodios en los que no está…) y nos regala unas escenas que son tesoros. Momentos incomodos campan a sus anchas por los capítulos. Mientras el resto de trabajadores de Dunder Mifflin trabajan una comedia más clásica, son los desaires y pasiones de Michael los que nos descolocan y turban la mayoría de las veces.

Y los secundarios, por llamarlos de algún modo, construyen una oficina en la que muchos hemos trabajado. Todos los trabajadores de Dunder Mifflin son maravillosos a su manera y el casting es sencillamente perfecto. Odios, amores, enfrentamientos y rencores retratados con precisión milimétrica. Que queréis que os diga, tras recuperar la serie, voy al trabajo con otra cara. Porque, a pesar, de la exageración, es un reflejo bastante acertado de las relaciones que vivimos en nuestra vida laboral, al menos para los que trabajamos en una oficina.

Acabo de terminar el episodio 22 de la 5ª temporada, en el que la Michael Scott Paper Company tiene que cerrar, y casi aplaudo cuando Michael consigue su victoria sobre Charles (Idris Elba). Es curioso, como un personaje tan inaguantable, te pone de su lado muchas veces. Es una oficina inestable, toxica, llena de gentuza, pero es nuestra oficina.

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