El Almuerzo Desnudo

Me zambullo de nuevo en El Almuerzo Desnudo (William Burroughs, 1959) con la misma sensación de peligro que hace 20 años, con la misma desconfianza y con la misma necesidad de aguantar la respiración, como pretendiendo evitar que sus vapores pudieran meterse dentro de mí y contagiarme de su enfermedad.

Pero en algún momento hay que coger aire y, tras respirar una vez más, ya vulnerable, vuelvo a rendirme a la narración asombrosamente visual de Burroughs, aún en sus más surrealistas delirios, y a esa colección de hechos, ensoñaciones y fantasías que componen una de las mas inclasificables novelas del S.XX.

A excepción del mas pensado e intencional prólogo, con un Burroughs realizando ya juicios morales acerca de las drogas y sus consecuencias, el libro jamás se posiciona por encima o por debajo de “el habito”. Tan solo se deja arrastrar por él en un obsceno viaje a través de sucios lugares y encuentros sexuales sin el menor atisbo de romanticismo, a través de viajes absurdos por imaginarios lugares, que sirven para expresar la idiosincrasia de Burroughs de manera lisérgica, y deambulando por un catálogo de enfermedades, sustancias, insectos y demenciales mutaciones corporales. Inclasificable es su género, impredecible su condición.

De manera fría, casi médica, analiza procesos corporales, consecuencias físicas y disecciona sin contemplación, todo aquello que vive un adicto a la heroína antes, durante y después de sus viajes. Todo ello mientras anota fantasías con las que analiza, de manera satírica, multitud de cuestiones políticas, científicas y sociales a través de demenciales distopias.

Es increíble como la amalgama de relatos, de párrafos sin sentido y de situaciones inconexas, nos pintan un mapa mental del propio Burroughs. Al finalizar su páginas, uno no puede si no ver como un todo, este amasijo de relatos sin relación previa como un pequeño extracto de la personalidad de alguien, que, ante el miedo de perderse como agua por un sumidero, decidió anotar todo aquello que pudo con el fin de rescatarlo después, al recuperarse de “la enfermedad”

Y cuidado porque, aunque pueda parecerlo, no es en absoluto un libro duro ni falto de humor. Porque humor, hay mucho en todo el libro. Negro sobre todo, no negare que en mas de un momento me ha arrancado alguna carcajada.

El gran acierto de Burroughs es su capacidad para narrar lo abstracto, el pensamiento, el síntoma y el interior, por encima de lo real y mensurable. El sorprendente uso del lenguaje para hacer llegar ciertas ideas y sensaciones es sencillamente magistral.

Ahora me toca salda una deuda con la adaptación que David Cronenberg realizo hace caso 30 años. Cojo aire y comienzo…

2 comentarios en “El Almuerzo Desnudo”

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