Madre!

Sirva el propio título del film como exabrupto tras finalizar el visionado de estas dos horas de cine, no sé si con mayúsculas, pero si con el suficiente empaque y fondo como para dedicarle unas líneas en este vuestro blog.

Y es que Aronofski no es un autor de esos que tengas que estudiar entre resquicios. Su obra es cerebral e intencional. Cada película suya habla de una cosa y de otra, pero de una manera directa, con la metáfora clara en pantalla y con el significado claro y cristalino una vez tienes la clave. Su cine no intenta disfrazarse ni engañarte. X=Y. Y punto. Otros autores tienen filias y obsesiones que se cuelan en sus creaciones. Que aparecen cuando menos te lo esperas escondidos entre los personajes y los desarrollos. Pero el amigo Darren no hace eso. Destila un tema, construye una analogía y la plasma en pantalla, tanto si tiene sentido como si no.

Esa es precisamente una de las críticas que más he leído acerca de Madre!. Su guion, efectivamente, no esconde nada, porque la falta de anclaje a la realidad, sobre todo en su segundo acto, te obliga a pensar que estás viendo algún tipo de metáfora, por tanto, no hay significado escondido, o doble lectura que puedas deducir más adelante. Sabes que tienes una metáfora delante pero no sabes cuál. Eso limita mucho el ver el film atendiendo únicamente a su historia superficial (para profundizar al gusto), y es por eso por lo que creo que ha generado tanta bilis por ahí.

Pero ese es precisamente su atractivo. La incomodidad que genera, la locura de las situaciones, la deriva de los personajes… Es ahí donde uno encuentra a Aronofski. En ese sentido me recuerda lejanamente a David Lynch. Te está contando algo que pierde el sentido en la conversión a alegoría, pero el camino y la apariencia merecen la pena. Aunque bien es cierto que este Aronofski es mucho mas simple que Lynch.

Los actores están fabulosos, sobre todo Jennifer Lawrence, que sostiene sola toda la película. No en vano todo el metraje descansa sobre ella. La película solo nos muestra su punto de vista. Tan centrado, que el resto de cosas escapan a nuestro entendimiento. Javier Bardem también me ha gustado bastante. Los secundarios, en la primera mitad de la película (Michelle Pfeifer y Ed Harris) son maravillosos también.

Y técnicamente es preciosa. La fotografía, cálida y suave, y la cámara siguiendo suavemente a la protagonista allá donde va convierten el visionado en un paseo tranquilo. Aunque en su segunda mitad y en las situaciones más tensas nos pone en una montaña rusa pero que en ningún momento pierde claridad.

Y el significado de todo esto, pues interesante y poco sutil. Con marcados retazos bíblicos Aronofski nos cuenta su visión del expolio continuado que realizamos a nuestra madre tierra, a la naturaleza que necesitamos pero que no nos necesita. Entre medias, un Dios que solo quiere admiración y amor, aun a costa de destruir.

La lectura más mundana del drama del creador que no puede crear, y del éxito que corrompe y destruye familias y vidas es también interesante pero, como ya he dicho, su desconexión con situaciones más realistas evita que entres en esa comparación.

Es Aronofski, no gustara a muchos y su falta de sutilidad incomoda, pero las dos horas pasan volando y su creciente intensidad, la interpretación de su protagonista y la bellísima factura técnica bien merecen que gastéis 2 horas en su visionado.

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