Como lagrimas en la lluvia…

Los recuerdos más antiguos que tengo de Blade Runner, provienen de alguna emisión en Televisión Española del film durante los 80. No recuerdo los coches voladores, no recuerdo los neones ni las persecuciones. Pero si recuerdo el terror que me provocaba ver los Replicantes en pantalla. Dos escenas en concreto, quedaron grabadas a fuego en mi cerebro infantil. En una de ellas, Roy Batty agarra a su creador y le aprieta los ojos hasta espachurrarlos como uvas. En la otra, una previamente amistosa Pris, amenaza y aterroriza a J.F. Sebastian junto a Roy para obtener su ayuda. No entendía lo que veía en pantalla pero si sabía que esos personajes me daban miedo.

Dos escenas que de niño me turbaron y que, sin embargo, consiguieron sembrar cierta atracción hacia la película que pude satisfacer algunos años después, descubriendo por fin la belleza que esconde a pesar de tan traumático primer contacto.

Es imposible añadir nada a los ríos, océanos de tinta que se han escrito sobre ella. Y sin embargo aquí estoy, evocando su visión del futuro. En realidad, visión del presente, que Scott, con la ayuda de Syd Mead, plasmó de manera inolvidable en pantalla. Era como si todo lo realizado antes se hubiese quedado viejo de un plumazo. No hay nada igual anterior a Blade Runner y, por otro lado, casi todo el cine futurista posterior, le debe todo a ella.

Pierdo la cuenta de la gran cantidad de cosas que adoro que beben de Blade Runner; Akira, Terminator, el Cyberpunk, cientos de Mangas y Animes, Días Extraños,… en general, casi cualquier cosa que suceda en un futuro cercano, le debe su estilo a la película de Ridley Scott. Y aun no nos hemos recuperado de ello.

Al igual que hizo con Alien dos años antes, Scott le dio la vuelta de nuevo a la ciencia ficción. Esas pantallas enormes, la publicidad omnipresente, los neones, las sucias calles y ese aire oriental impregnándolo todo. Blade Runner definió una visión del futuro que llega hasta nuestros días invadiendo nuestro propio presente. Visualmente no solo no ha envejecido ni un ápice, si no que se reafirma cada año que pasa, mostrándose siempre fresca y valida.

De entre todos los personajes, uno de los más importantes es la propia ciudad. Esa omnipresente amalgama de arquitecturas que van de lo barroco a lo futurista. Con esa colosal pirámide presidiéndolo todo. Una metrópolis que vive y respira y que no puedes si no creerte. No solo el cine sería diferente sin Blade Runner, si no que incluso nuestras propias ciudades lo serian.

La música que acompaña a sus fotogramas, se entrelaza mágicamente con lo que sucede en pantalla y vuelve a poner de manifiesto lo rupturista de la película con lo establecido en 1982. Sin música clásica, sin orquesta, Vangelis mimetizándose con los diseños de Mead. Uno de esos casos en los que uno puede decir orgulloso que el cine es arte. Os sorprendería la cantidad de veces que me descubro a mi mismo silbando el tema principal de la película.

Enterrado entre los sentidos, temas y discursos humanistas y personajes que sienten y padecen, aun a pesar de ser androides. Un cuarteto de Replicantes que desprenden humanidad por todos lados pero que deben ser eliminados por nuestro protagonista. Unos seres que, como niños en un día de verano, quieren alargar todo lo posible la jornada, por encima de límites y prohibiciones. Un conflicto de autodescubrimiento que proporciona emociones y nos sitúa, a nosotros como espectadores, en una posición interesante, al comprender de manera profunda a las presas de Deckard. Empatizar con el villano, que maravilloso modo de contar una historia.

Y en un anticlimático final del conflicto, pero que es ya historia del séptimo arte, Roy Batty, muere delante de un derrotado Deckard, pronunciando un monologo que haría a Rutger Hauer inmortal.

Blade Runner es una de esas escasas obras en las que todo se alinea de manera perfecta, sin fallos, dando lugar a algo mucho más grande que la suma de sus partes. Sobreponiéndose a infinitos problemas que casi consiguen que no se estrenase, Ridley Scott dio a luz su segunda y última obra maestra. Porque Blade Runner es una obra cumbre en la carrera de su director y, seguramente, en la de todos los involucrados en su creación.

3 comentarios en “Como lagrimas en la lluvia…”

  1. Me ha encantado el artículo. Poco más puedo añadir sobre una obra que, como bien has dicho, es un portento.

    Esta es una de las pocas pelis ochenteras que de niño no vi (o si la vi no recuerdo absolutamente nada). Es una pasada que puedas recordar aún esas escenas (a pesar de que te aterrasen tanto). Yo la degusté en condiciones ya muchos años después, mucho más crecido. Y debo decir que en principio no me llenó demasiado, simplemente porque no entendí casi nada de lo que vi en pantalla. Fue con los años cuando comencé a apreciarla y a tener una visión más profunda de la película.

    Es una peli que, en cierta manera, pienso que sugiere más que muestra. Y lo interesante es que enseña las cartas a medias en muchos puntos, dejando para el espectador un interesante aperitivo para después poder rumiarlo. Su superioridad técnica frente a otras películas de la época es tal, que cuando la vi (como te comento, muchos años después), tuve que comprobar el año de la película, para asegurarme que era de 1982, porque simplemente no me creía que estuviese viendo aquella maravilla de efectos.

    La atmósfera me encanta (ese clima oscuro y lluvioso, como comentas, ha sido y los hilos abiertos que deja para pensar en la esencia del “yo” y de la consciencia son geniales.

    Por cierto, hablando de influencias que ha dejado Blade Runner, no sé si has jugado Snatcher, de Hideo Kojima, pero es puro Blade Runner. Como Kojima tragaba tanto cine de pequeño, ese juego casi podría ser la adaptación no oficial de la peli XD, poco le falta. Pero es una maravilla.

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    1. Ay el Snatcher. Lo tengo pendiente desde hace mucho tiempo y nunca encuentro el momento. Es uno de esos juegos que hay que jugarlo totalmente metido en el y con ganas de jugar en calma para no perder detalle y poder atenderlo en condiciones… A ver si algunas vacaciones que me quedé de Rodríguez… :)
      En cuanto a la película, efectivamente es muy sutil. Algo que no ha sabido heredar la tardía secuela, demasiado explicativa y concreta.
      Por eso me gusta, por qué tanto en forma como en fondo es muy evocadora aún teniendo un guión tan sencillo (no es más que una persecución )
      El ambiente efectivamente es maravilloso. A mi, que amo el cyberpunk, es algo que me puede. La noche lluviosa y la ciudad… No puedo imaginarla de día :D
      Gracias por leerme y comentar, como siempre

      Le gusta a 1 persona

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