Kenji y Amigos

20th century boys es, probablemente, la obra más profunda y compleja de todas cuantas ha escrito y desarrollado Naoki Urasawa. Y eso, viniendo del creador de maravillas como Monster, Billy Bat o Pluto, son palabras mayores. Urasawa disecciona vivencia, cultura, responsabilidad, sacrificio, política, religión, heroísmo y fascismo con mano firme y, lo que es más importante, con sólidos puntales emocionales personificados es sus maravillosos personajes.

Tras leer Monster, estoy seguro que muchos de los Otakus que nos criamos en los 90 nos hicimos mayores. Sabíamos que había todo un universo de manga y anime que se sobreponía a las peleas, los deportes y los equívocos sentimentales pero fue Monster la obra que nos enseñó ese tipo de manga diferente, lleno de mensaje y con un desarrollo más adulto. Y a partir de ahí, Urasawa se convirtió en habitual de las estanterías. Todas sus obras posteriores han sido publicadas en castellano. Ahora es un valor seguro. Entonces fue una apuesta arriesgada de Planeta.

Y gracias a eso, nos llegó 20th century boys, ya editada en tankoubons, y casi a ritmo de publicación en paralelo con Japón. El punto de partida era incluso más ligero que en su obra anterior, pero escondía mucho más. El ansia viva que me provocaba el comprar cada tomo y leerlo casi saliendo de la tienda es algo que pocos mangas han conseguido. Porque la historia de Kenji y Amigo aumenta la apuesta de Monster y se eleva como una epopeya del 9º arte a la altura de las mas grandes.

El punto de partida era sencillamente magnético: Un adulto Kenji, lleno de sueños rotos, descubre que sus juegos y creaciones de ficción de la infancia, son la hoja de ruta de una secta detrás de varios ataques terroristas. Ya de por sí, esta idea (desarrollada durante los primeros 5 volúmenes del manga) da juego, pero lo que vino después no fue poco precisamente.

El discurso es muy similar al de Monster. En las dos, un acto aparentemente inocuo (salvar a un niño en Monster, un juego de niños aquí) genera una serie de consecuencias de las cuales el protagonista se hace responsable. En las dos, un acto ingenuo se convierte en un mal que el héroe debe extirpar para redimirse, aun sin ser directamente responsable.

De este modo, descubrimos a un protagonista inesperado. Casi acabado. Urasawa analiza la madurez como la decepción de la niñez, pintando las decisiones tomadas de manera pragmática por encima de los propios sueños, como una derrota. Inevitable, pero derrota al fin y al cabo. Y a la vez ensalza la determinación de seguir adelante incluso en esa derrota. No es casual que casi todo el manga este plagado de fracasos de nuestros héroes. Uno detrás de otro, poniendo a prueba su determinación y tesón. De eso va 20th century boys. De no rendirse.

Kenji es irreductible, aunque pueda no parecerlo. Si bien sus sueños se han roto hace tiempo, nunca se agacha, nunca descansa. Su tienda, su sobrina, su madre son lo que le empuja a continuar. Por eso es el héroe perfecto, o imperfecto. A un héroe no le vienen las cosas de cara. Si no, no sería un héroe. Aunque no como esperábamos. No puedo entrar en detalles sin destripar la trama pero es humano. Es muy real.

Responsabilidad como el heroísmo cotidiano. Urasawa pinta personajes normales y corrientes que pueden ser imperfectos y cometer errores. Pueden ser incluso cobardes. Pero que dejan huella. Que enseñan y se convierten en un faro que guía los actos de los demás. Y en un desarrollo que nos pinta los totalitarismos de un modo tan realista, con ese populismo que tan de actualidad está hoy mismo colándose subrepticiamente entre las grietas del poder, es precisamente esa responsabilidad el recurso más preciado. El lento pero implacable ascenso al poder de Amigo es ficción, si, pero los referentes son reales, muy reales. Corea del Norte, el nazismo…

Toda la historia, épica en su conjunto, intima en muchos de sus detalles, esta regada no solo por la trama del misterio en torno a Amigo, sino que gracias a esos flashbacks tan bien manejados, asistimos a un pedazo de historia del Japón de los años 60-70. Toda una lección de cultura nipona que no solo apuntala la historia, sino también nos enseña algo. El misterio de Amigo es troncal en la historia, pero Amigo como concepto e idea, y como influencia en los demás, es muchísimo más importante al nivel de lo que Urasawa nos quiere contar. La obra está plagada de pequeñas historias que enriquecen la narración.

La obra esta plagada de referencias al cine y la cultura popular de la epoca

Historias, a veces troncales, a veces tangenciales, protagonizadas por el maravilloso elenco de secundarios, a cada cual mas memorable. Ese brutal Otcho, ese genial “Dios”, esa Kanna inesperada, Donkey y todos los amigos de Kenji, que le acompañan incluso en las horas mas bajas. Desde el mas sencillo, hasta el mas heroico. Todos tienen a nuestro protagonista como modelo. Porque Kenji desaparece de la narración muy pronto, pero su presencia inunda todas las páginas y actos de sus compañeros. Magistral es un capitulo (obviare su nombre y argumento para no hacer spoilers), en el que descubrimos a un personaje a punto de realizar una acción horrible por un bien mayor. Solo las palabras de Kenji que permanecen en su memoria, consiguen que no justifique los medios con el fin. Kenji le da a sus amigos dos directrices en un momento dado: no hagáis daño a nadie y no os muráis. Es el código que consigue que sus allegados no traspasen la línea que les lleve a ser terroristas. Nada sucede al azar en la obra aunque lo parezca.

Urasawa, llegado cierto punto, tuvo que parar la publicación y dar un cierre apresurado a la narración. El enredo, el misterio alargado y la multitud de tramas a lo largo del tiempo se habían convertido en algo inmanejable. Pero cuidado, porque dicho cierre, insuficiente desde luego, no es fruto de inconsistencias ni incoherencias de la historia. El alto número de personajes, hechos y épocas, supongo dejaron a Urasawa exhausto. Afortunadamente, tras varios meses, se dio el broche final a la historia en los dos tomos de 21th century boys. Un final mucho más calmado y pausado, muy explicativo, eso sí. Si estuvo o no a la altura de su desarrollo, da para escribir miles de líneas. Y es curioso, porque las revelaciones, que parecen aleatorias y gratuitas, están todas apuntadas e insinuadas a lo largo del Manga. En mi caso, pienso que Urasawa si tenía planeado quien era Amigo desde el principio y que, solo el cansancio de manejar tanta alinea argumental, le obligo a finalizar la historia apresuradamente.

Es un manga que hay que paladear con atención. Una persona que lea por encima seguramente se vea decepcionada. Es un manga que hay que leer completo, casi del tirón, pero con calma. Urasawa cierra tramas e historias, no de la manera que muchos quieren, pero no se le puede culpar de ser un trilero. Las continuas referencias a hechos que hemos leído muchos tomos atrás, jamás se salen de lo esperado n i traicionan lo leído. La trama es consistente. Compleja pero no tramposa.

Personalmente, 20th century boys es mi obra favorita del autor. Es irregular, imperfecta, pero tiene los personajes más redondos que Urasawa haya escrito. Leedla, os atraparan sus personajes y su trama. Os desesperaran sus giros y elipsis. Pero al final, es un viaje sencillamente increíble. Es un manga que se queda, que recuerdas, y eso, es más que suficiente para darle una oportunidad. Para considerarlo un clásico.

2 comentarios en “Kenji y Amigos”

    1. Te lo recomiendo encarecidamente. Ademas, Urasawa es muy fan de Stephen King, y se nota en como escribe. De hecho, hay una referencia al autor de Maine en uno de los capitulos.
      Si puedes, no dudes en darle una oportunidad.

      Gracias por comentar, como siempre.
      slaudos

      Le gusta a 1 persona

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