Los Imposibles

El anuncio de que Brad Bird iba a dirigir la cuarta entrega de la serie me pillo por sorpresa. Tras las maravillosas Los Increíbles y El gigante de hierro, era una elección que no hacía sino aumentar las expectativas ante la que se nos venía encima. Y sin embargo, salí del cine tal y como había entrado. ¿Porque? no tengo ni idea, pero es una película de la cual tengo solo el recuerdo de la escena del rascacielos de Dubái. Del resto no hay ni rastro en mi memoria. Cuantas más películas reviso, más me doy cuenta de que por la razón que sea, es con las dos últimas entregas con las que Misión Imposible ha terminado de evolucionar y con las que más disfruto, y sobre todo las que me han hecho revisar una saga con la que estoy disfrutando más que en su día. Pero no adelantemos acontecimientos. Me dispongo a ver la que muchos consideran como la mejor de la franquicia.

Y tras revisar las dos horas largas de peripecias del FMI me he quedado exactamente igual que como estaba. La escena de Dubái es una auténtica maravilla, pero todo lo sucedido antes y después de la misma, palidece en comparación.

Brad Bird es una elección perfecta para la saga. Su dirección es ágil y se gana el sueldo con creces. El ojo que tiene para colocar la cámara en persecuciones y planos imposibles es de admirar y la película luce en todo momento, con una fotografía excelente. Pero todo queda diluido por un guion de lo más convencional y rutinario. Es curioso pero hasta esta entrega, la franquicia es un montaña rusa de estilos, por mucho que todo se vaya asentando hacia una estética y un tono más centrado en las dos últimas entregas.

Y eso que el comienzo de la película es un subidón de los buenos. Con una divertidísima huida de la cárcel y una puesta en situación interesante. Al menos hasta que llegamos a la entrada al Kremlin. Otro robo, al más puro estilo del sucedido en el Vaticano que solo tiene interés por la genial escena del pasillo. Demasiado deja-vu.

Aun así, la película va in-crescendo hasta la escena de Dubái, toda una Master class de planificación y ritmo que se ve en continua tensión mientras nuestros agentes favoritos planean su engaño. Entre el juego de ascensores y plantas, y la escalada del rascacielos, estaba difícil mantener el ritmo hasta el final.

El problema, como decía, es que el final, con esa pelea en el aparcamiento, queda descafeinado. Si, es original y divertido, casi al más puro estilo slapstick (en ocasiones parece que va a aparecer Buster Keaton en pantalla) pero no tiene la suficiente intensidad, sobre todo por el villano, que no está a la altura tras el genial adversario de la película de Abrams.

En fin, poco puedo escribir de la que, hasta ahora ha sido la más anodina iteración de Misión Imposible, y dudo entre meterla antes o después de aquella vilipendiada secuela dirigida por John Woo, aunque luego pienso en la secuencia de Dubái y me lo vuelvo a pensar…

Un comentario en “Los Imposibles”

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