¡Eh Chiicooooos!

Voy a saldar una deuda hablando, por fin, de uno de mis films favoritos de todos los tiempos. De la que, aun hoy, es la mejor película de chavales que te puedes echar a la cara. Nada ha superado Los Goonies desde su estreno en 1985.

De hecho… ¿existieron películas de chavales antes de los goonies? no lo sé, pero lo que si se es que posteriormente ninguna ha ido más allá ni ha reinventado nada. Toda historia protagonizada por niños, bebe de Los Goonies y de todas y cada una de sus escenas y planos. Difícil va a ser hacerle justicia en un artículo.

Sinceramente no tengo ni idea de las veces que, mi hermano yo, vimos el film de Richard Donner en nuestro querido VHS Sanyo. La habíamos grabado de TVE1 y, a fuerza de verla una y otra vez, la tengo grabada a fuego en el cerebro. Puedo revivir cada escena solo con pensar en ella y recordar cada voz y cada frase y, aun así, ponerla de nuevo y disfrutar como un niño del periplo de estos muchachos de Astoria.

Porque pocas películas pueden superar la prueba de verlas siendo adultos tras haberlas amado de pequeños. Los Goonies no solo pasa la prueba, si no que se revela como un excelente ejercicio de ritmo, planificación y dirección de su máximo responsable, Richard Donner, y como una maravillosa locura en la que los propios actores disfrutan tanto o más que sus personajes.

SPOILERS AHEAD!!

Los compases iniciales nos colocan en un sitio que para nada vaticina cual va a ser el argumento central. Una cárcel y un maleante aparentemente calmado e inteligente, que finge su suicidio con el fin de escapar de su celda y, mientras huye en un 4×4 con su disfuncional familia (genial presentación de los Fratelli) recorremos las calles de Astoria, un personaje más de la película. Qué manera más maravillosa de presentar a todos los chicos. La acción sigue la persecución del 4×4 pasando por donde nuestros Goonies hacen su vida con el estupendo detalle de que ninguno se entera de la persecución a excepción de Gordi, como no. Todo acompañado de esa genial música que todos sabemos tararear seguro. Porque la banda sonora, compuesta por Dave Grusin, es sencillamente maravillosa.

Es entonces cuando la acción se calma para juntar a los protagonistas en la casa de los Walsh, una escena que nos presenta la relación de los chicos con su pueblo, sus familias y entre ellos, consiguiendo esa tan ansiada conexión emocional con lo que pasa en pantalla. Si, eso que ahora no consigue casi ninguna producción actual.

Siempre me ha maravillado como el cine de los 80 abanderado por Spielberg y sus colegas, conseguía con apenas dos pinceladas, plasmar en pantalla relaciones tan complejas como la de dos hermanos o la amistad inquebrantable de unos niños. Dos diálogos y cuatro gestos bastan para entender cómo va a funcionar la moralidad y lealtad de los personajes. Todo esto viene por la maravillosa presentación de Mikey y su hermano Brand. Un hermano menor vulnerable (física y emocionalmente) y un hermano mayor que, a pesar de sus bravuconerías y exabruptos, le quiere sin condiciones. Adoro ese plano en el que Brand se aleja por la terraza de la casa arrastrando a su hermano. Es un gesto que ya nos ha definido toda una relación fraternal.

Si los dos hermanos enfatizan los sentimientos, son sus amigos quienes traen la locura a la casa. Así conocemos a Bocazas, ese niño dotado para los idiomas (non mescolare le droga) que no se calla ni debajo del agua, y a un Data haciendo una entrada espectacular gracias a sus inventos. Todos los niños de la época queríamos ser un poco como Data. La guinda del pastel la pone Gordi. En unos segundos le vemos hacer un “supermeneo”, defender sus (al parecer) muchas trolas y cargarse la estatua favorita de la señora Walsh. Mítica escena, muy mítica.

Tras el costumbrismo de esta toma de contacto, todo comienza a envolverse en una bruma fantástica con la subida al desván. Ese desván casi mágico donde el pasado espera a que los niños lo encuentren. Es algo que conectaba con nosotros a esas edades, cuando emulábamos a los Goonies buscando cosas en trasteros, o casa del pueblo. Es el momento en el que la aventura comienza. Un misterioso mapa es el causante de que el último día en Astoria sea diferente a lo esperado.

Hasta bien mayor, nunca había asociado el aspecto de Astoria con el de Asturias, mi región de veraneo desde que tengo uso de razón. Esas calles mojadas y empinadas. Esas costas escarpadas y esas carreteras dominadas por los arboles donde subíamos y bajábamos cuestas en nuestras bicicletas. Ahora me es fácil ver la relación, pero de pequeño, eso fue un anclaje que sucedía a un nivel del todo inconsciente. Si los Goonies fuesen españoles, vivirían sus aventuras en Asturias, no me queda la menor duda. Esa curva en la que Mikey utiliza la moneda, es como tantas curvas que mi hermano y yo hemos recorrido en bicicleta en nuestro pueblo.

Pero volvamos a la película, donde nuestros protagonistas han encontrado el punto de partida del mapa: el restaurante del faro. Es el momento el que los Fratelli, que no veíamos desde el principio, se cruzan en el camino de los chicos (¡¡¡agujeros de bala!!!) comenzando entonces los verdaderos problemas. El guion añade en este punto un peligro real con unos forajidos a los que les importa poco los niños que entran en su restaurante.

Es genial el contrapunto de la familia disfuncional que son los Fratelli con respecto a los hermanos Walsh. Si estos se ayudan a pesar de sus diferencias, los dos hermanos Fratelli dejan que esas diferencias se interpongan en todo. Son el reflejo negativo de los Walsh. Joe Pantolliano hace un trabajo genial con ese Francis permanentemente histérico e iracundo, enfrentado a su hermano, un, en apariencia, artista frustrado siempre celoso de sus hermanos. Hablando de hermanos: Brand en este punto es protagonista de una de las secuencias más divertidas de todo el film, su paseo en bicicleta y posterior leñazo.

La escena en la que Mikey descubre a Sloth, da el pistoletazo de salida a la verdadera aventura. Una en la que caben piratas, muertos, disparos y trampas secretas. Una autentica montaña rusa. Pero no de las de ahora en las que solo se intenta marear al espectador. Es una que cocina a fuego lento la tensión y las carreras, que convierte una sencilla aventurilla en una carrera por salvar la vida. Muy deudora de Indiana Jones, todo se va desarrollando al estilo de las andanzas del héroe creado por George Lucas. Los Goonies recorren las catacumbas encontrando los restos de Chester Copperpot, sorteando trampas y encontrando incluso una fuente de los deseos. Es esa una escena que rebaja el ritmo y proporciona un momento de reflexión. Es una especie de recordatorio de que no todo es tan mágico, y proporciona a los personajes la tentación de una salida a la loca aventura que quieren vivir. Es también una excelente metáfora acerca de la situación económica de los chicos y sus familias: El gilipollas de Troy, arriba, y los Goonies, abajo siempre, pero juntos.

Hemos dicho que los chicos recorren las catacumbas pero, ¿todos? Es el tramo en el que vemos al grupo desunido, quedando Gordi atrapado en un frigorífico con un cadáver, dando pie a la mítica escena de su huida y posterior reencuentro con los Fratelli (que genial plano cuando se encienden las luces del coche revelándose la identidad del conductor) y a la posterior reacción a gritos de Gordi (no llores muchacho, no puedes escapaaaar…). Pero la joya de esta narración centrada en nuestro querido Lawrence es la secuencia de la batidora, clásico entre clásicos. También supone el comienzo de la bizarra amistad entre Gordi y Sloth. Es que madre mía, cada elemento que aparecía daba un vuelco a las cosas. Que bien medido estaba todo, que bien dosifica el guion cada giro y escena.

Decía que todo el periplo subterráneo, no deja de ser una adaptación de una aventura clásica al más puro estilo Indiana Jones. ¿Es tópica? puede ser, al menos todo lo tópico que puede ser algo así con chavales de por medio, pero funciona y es fresco por el mismo motivo que ya hemos comentado en otras ocasiones: los personajes importan. Todo el comienzo (la parte del film a la que tengo más cariño) nos ha definido a unos personajes que van a ser nuestros compañeros en la aventura. Es esa parte en la que mucho cine actual falla estrepitosamente. Si, hay una trampa con un foso como otras mil veces vistas, pero no va de eso el peligro, sino de que son los niños que hemos conocido los que se la juegan.

Las apariciones de los Fratelli son geniales todas. Esa persecución lamentable que protagonizan tras los chicos tiene un aire patético más cómico que peligroso. Es donde la película va cambiando las tornas: Los Fratelli daban miedo al principio, pero ahora son una caricatura, sin embargo, la aventura pirata, más fantasiosa que real, se ha vuelto algo mucho más tangible y peligrosa. Todo se entrelaza para llegar al desenlace en un entorno increíble: nada más y nada menos que un barco pirata.

Cuentan que Richard Donner decidió no contar a los niños que el barco era real hasta el mismo momento en el que iba a rodar el descubrimiento de la nave por parte de los Goonies, con el fin de registrar unas reacciones más reales. Le salió el tiro por la culata cuando tras descubrir el barco, Josh Brolin exclamo un sonoro “Fuck!” que fastidio la toma por completo, obligando a repetirla. No me extraña el exabrupto dada la magnitud del decorado construido. Un barco en toda su gloria y esplendor, casi como el de Guybrush Threepwood mismo.

El tramo final abraza ya sin contemplaciones el cine de aventuras más clásico con referencias incluso a Errol Flynn y convierte a los Fratelli en un elemento cómico. Es como si los personajes hubiesen ido metiéndose en la fantasía olvidando su conexión con la realidad. Es que me encanta esa conversión de todos en protagonistas de un folletín, adoptando los roles de piratas. Incluso los Fratelli se dedican a “jugar” en el barco con sus fechorías. Es mágico como la fantasía ha ido invadiendo el metraje poco a poco.

El desenlace supone el fin de la aventura y el encontronazo con la realidad. El reencuentro con sus familias y con la vida mundana. Hubiese sido muy cruel no dejar que la fantástica aventura no manchase un poco la gris realidad de los personajes. Por eso, aunque los chicos recuperan su normalidad, les quedan retazos de una aventura que solo ellos y Los Fratelli saben que han vivido: Un pequeño tesoro que les permitirá seguir viviendo en los muelles de Goon, y un espectacular momento con barco pirata navegando hacia el horizonte incluido. No puede haber mejor final.

Es difícil explicar con palabras lo que Los Goonies significa para todos los chavales de aquellos años. No existe artículo que pueda hacer justicia a una película que nos dejó un poso tal, que ha definido muchas de nuestras filias y maneras de ser. En aquellos años todos queríamos ser Los Goonies. Todos queríamos encontrar un secreto oculto en nuestro barrio o Pueblo. Aun hoy lo deseamos.

4 comentarios en “¡Eh Chiicooooos!”

  1. Tengo que decir que tu artículo me ha emocionado y mucho. No solo por la peli que tocas, sino por la magnífica disección y comentarios que has escrito sobre ella. Es imposible no dejarse invadir por la nostalgia con tus letras y recordar, con el candor de un tiempo pasado que nuestra generación sintió en su piel, una época que, hoy más que nunca, recordamos con tremendo cariño. Has escrito tantas cosas interesantes que es muy difícil aportar mucho a lo que has escrito.

    Suscribo todas tus palabras una a una. Es una peli tremenda porque, en lo que se propone (que es mostrar unas aventuras con chavales), como dices, es la mejor. Y no consigue ese puesto con artificios o espectacularidad de efectos especiales (a pesar de que tenía un poco de eso), sino, como bien has mencionado, tocando el punto clave: la presentación de personajes y hacer que al espectador le importen. Ese es el gran fallo de hoy. Hay muchas pelis que he visto últimamente modernas y sí, muchas están muy bien, que conste, pero para mí siguen fallando en eso, en que, cuando todo acaba, no me dejan nada. Son para verlas una vez y a otra cosa.

    El cine de los 80 tenía esa genial manera de involucrarnos a todos con la historia y los personajes que, en cierta manera, quizás les salía sin querer, como algo natural a los guionistas, no lo sé, pero la cuestión es que ahí estaba. Y esa es la gran diferencia. Le pasa a muchas pelis de la época: Karate Kid; Gremlins; Regreso al Futuro; E.T.; y un larguísimo etc. Todas estas pelis siempre dejaban un buen tramo para que nos importasen los personajes y todo tuviese un motivo. Pero, curiosamente, esas partes “introductorias” no se hacían pesadas porque estaban muy bien llevadas y, como punto extra, al final daban un sentido emocional a todo muy fuerte.

    Una vez le preguntaron a Stephen King un consejo para escribir escenas de terror. Lo curioso es que no dijo que se escribiera sobre tal o cual terror, sino que recomendó que el escritor hiciese que los personajes importasen. Eso es lo que hace que luego el lector sienta terror por miedo a que algo pase a esos personajes. Y esa es una grandísima clave también para involucrar a alguien en cualquier historia, pienso yo. En eso, las pelis ochenteras eran bestiales.

    Yo también la pude ver en la primera cadena y en televisión en más de una ocasión cuando era niño, y es cierto que era una peli que dejó mucha huella en nuestra generación. Todos, de una forma u otra, como comentas, es verdad que hemos sido “los Goonies”, formando nuestras pandillas de amigos y viviendo nuestras aventuras. En mi caso, estoy seguro que fueron una de las grandes influencias para que, estando al final de mi infancia, formase un grupo con mis amigos para irnos a buscar cuevas por nuestro pueblo y las inmediaciones. Una locura que nos llevó a vivir muchas muchas aventuras.

    Me parece tremendamente acertado y muy interesante el paralelismo que haces con las tierras del norte españolas (Asturias concretamente) y Astoria. ¡Lo has clavado!

    Una cosa que también me encantaba del cine de esta época (y que está presente en “Los Goonies”) es que todas estas pelis caminaban por la cuerda floja entre lo fantasioso, humorístico y terrorífico de una manera muy equilibrada y acertada. Le pasaba también a Indiana Jones, que había un punto de “terror” que, sin ser demasiado exagerado, conseguía intimidar. Siendo niño, como muchos, me impresionaban mucho las primeras apariciones de Sloth, ciertas escenas con los Fratelli, o algunos momentos en las cuevas. Ese toque ligeramente oscuro, pero sin llegar nunca a perder el humor, era un cocktail muy muy bien medido.

    En fin, para mí en eso consiste la llamada “magia” de los 80. En realidad esa “magia” me parece explicable y totalmente lógica, no limitándose a ser un concepto abstracto. Todo se basa en un guión donde importan los personajes, mucho carisma, mucho humor, algo de toque oscuro, buena música… y es que es un sin fin de cosas que consiguen que el conjunto sea brutal.

    Sobretodo, ahora que estoy revisionando también muchas pelis de los 80 últimamente, encuentro un ingrediente más que me gustaría destacar. Me cuesta encontrar una palabra para él, pero quizás lo definiría como “naturalidad”. No sé si me explico. Veo todas estas pelis (y en “Los Goonies” se ve perfectamente) y no siento que haya cosas “forzadas”. En muchas producciones actuales hay chistes que me parece que sobresalen, que se nota que están metidos porque hay que meter humor. O situaciones de acción que se llevan ya al extremo porque hay que dar algo espectacular. En pelis como esta nunca siento eso. Se me trasmite el sano amor por la fantasía y, aunque puede que ahora se vean muy ingenuas muchas cosas, no siento forzamiento detrás. Siento mucha ilusión y sinceridad en estas películas por querer contar aventuras de verdad. ¡Un saludo! ¡Y buenísimo el artículo que te has marcado! Que no te quede duda de que me has dejado con ganas de revisionar los Goonies en esta cuarentena, y lo haré XD.

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    1. Hola compañero, discúlpame por haber tardado en contestar. Estos días están siendo un poco movidos, pero al menos estamos todos bien, espero que vosotros sigáis bien también.

      El tema de la naturalidad, que bien lo has definido. Es algo que he leído muchas veces a escritores y guionistas: eso de que los personajes comenzaban a actuar por si mismos. Cuando crean algo y esa creación se suelta de las ataduras y empieza a crecer sola, sin control, pero simepre bajo las premisas iniciales que les habías dado. Es algo que es muy difícil ver hoy en día. Pero en Los Goonies era la base de todo. Los diálogos, las complicidades… Eran críos de verdad hablando y sintiendo.

      Cuanta razon tienen nuestro Stephen King, y ya lo hemos comentado en alguna ocasion tu y yo: Los personajes lo son todo para conectar con el lector/espectador. Es imposible emocionarse sin ellos. No hace mucho lei a alguien en un foro que decia que le gustaba ver alguna pelicula pero solo las escenas de accion, saltándose las partes de calma o dialogo. Es algo absurdo y par ami, aberrante. Ver una película (aunque la hayas visto ya 10 veces), a trozos. Un dialogo de 20 segundos puede definirte una relaicon o una enemistad que puede afectar a toda la narraicon, y hay gente que se las salta… Pero bueno, es algo en lo que se que piensas como yo y que no tiene sentido darle mas vueltas.

      En fin, muchas gracias por comentar y leerme. Sigo esperando artículos nuevos por tu parte, a ver si vamos cogiendo los dos ganas ya :) que ya solo me queda uno en la recamara

      Un abrazo

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      1. ¡Me alegra ver que estáis estupendamente y ojalá que siga todo así! Por aquí también estamos estupendos hasta donde alcanza mi familia. Cada día es un día menos para que la pesadilla algún día termine.

        Muy interesante todo lo que comentas de las creaciones que “cobran vida propia”, es totalmente cierto. No recuerdo ahora que autor literario fue quien dijo que, cuando escribía, la narración se apoderaba de él. Y a veces eso es cierto, como dices, parece que todo fluye con su propio camino y su microuniverso interno. En Los Goonies supieron hacer eso de una manera estupenda, dejar que la historia y los personajes hablasen por sí solos.

        Respecto a lo que comentas, como bien sospechabas, estoy totalmente de acuerdo contigo :-D. Es que es cierto, yo jamás he sido capaz tampoco de ver escenas aisladas. Por poner un ejemplo rápido, no sé si lo comenté cuando hablamos de Episodio III, pero he visto en Internet una gran ristra de Youtubers que hacen videos de reacción ante la primera vez que ven el duelo final… sin haber visto nada más de la saga antes XD. A mí también me parece eso, prácticamente, darle una patada a un castillo de naipes y destrozarlo entero. Cada obra está tan mimada y pensada para transmitir unas emociones, que verlo así es como quien se lee una página suelta en mitad de un libro. No se encuentra sentido.

        Y yo, como dices, aunque haya visto mil veces una peli, no me gusta ver escenas sueltas. Y es que, claro, aunque la conozcas, no es lo mismo ver la escena suelta que verla en su contexto al ir acompasado de toda la película. El bagaje emocional inmediato que te de va dejando cada escena de la película hace que, cuando llegues a determinada escena, esos sentimientos estén “activos” en ese momento, que estés en consonancia máxima con esa obra, y entonces la escena funciona a un nivel indescriptible. Verla aislada es, como todo en la vida si lo sacas de contexto, desvirtuar la experiencia.

        Pero sí, por desgracia, poco podemos hacer me temo :-(. Confiaremos en que siempre haya gente dispuesta a seguir viviendo estas cosas como se merecen, a pesar de que seguramente sean siempre un círculo muy pequeño. Pero esos locos “románticos” mantendrán viva esa pasión por las buenas obras y la manera de disfrutarlas a tope.

        Pues sí, ojalá que le demos caña al teclado pronto :-D. Y es cierto que estamos en una época tremendamente caótica. Yo parece que, con el paso de los días, me he ido estabilizando, aunque aún me he mantenido bastante apartado del tema del blog. Pero viendo que esto va a ser algo de muy largo plazo (al menos lo que es la vuelta a la normalidad absoluta), habrá que plantearse ir volviendo más temprano que tarde XD. Ayer me dieron pinchazos de ganas de escribir algo, pues estuve jugando a Metal Gear Solid y, claro, los mensajes de ese juego en estos tiempos son tremendos. Y, de hecho, tengo artículos de la saga (y de otras tantas) de blogs anteriores que creé y que ya no existen. Debería corregirlos, actualizarlos y subirlos. En fin, quizás un pequeño pasito nos devuelva poco a poco las ganas de meternos más de lleno. A ver si nos va volviendo la inspiración :-D. ¡Ánimo y a cuidarse!

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