Luz Virtual

Continuo revisando la obra del que es uno de mis autores favoritos. Luz Virtual tenia la dura tarea de comenzar un nuevo capitulo en la obra del canadiense, tras su celebrada “Trilogía del Sprawl”. William Gibson se va acercando cada vez mas al presente (o el presente se acerca cada vez mas a su obra, quien sabe) y nos regala una historia mucho mas ligera que la anterior Mona Lisa acelerada, lo que la hermana sobre todo con Conde Cero.

Y es que Luz Virtual es una novela sin demasiadas ínfulas. Una historia sencilla de perdedores, como ya es común en el autor, donde lo que mas brilla es el mundo que rodea la trama. La construcción del mundo en el que transcurre la historia es magistral. Gibson suelta detalles por aquí y por allá, que enriquecen todo lo que leemos. Todo el empaque es soberbio, como es habitual en Gibson, pero en esta ocasión lo es de un modo cristalino y accesible. Mas visual, por decirlo de algún modo.

Conocemos a Chevette Washington, una mensajera que vive por y para su trabajo (genial todo el trasfondo acerca de los mensajeros y que, apostaría, inspiró a James Cameron al a hora de crear el personaje de Jessica Alba en aquella olvidada serie llamada Dark Angel) la cual,  llegado cierto momento, comete un estúpido e innecesario robo a la persona equivocada. Por otro lado tenemos a Rydell, un policía caído en desgracia, que es contratado precisamente para localizar el objeto robado. Es una trama muy clásica, que en esta ocasión nos lleva a carreras, peleas y tiroteos sin mucha mas profundidad.

Frente a la sencillísima trama, los personajes son presentados al inicio de la novela con detalle, al igual que sus circunstancias. Se toma su tiempo en presentarnos a los protagonistas a sus amigos, sus problemas y sueños y, sobre todo, su mundo. Y es que Luz Virtual brilla al comienzo sobre todo en ese aspecto. Gibson se interesa por que conozcamos a los personajes, en que vivamos con ellos sus vidas. Esa es una de las razones por las que me enganchó mucho mas que Neuromante en mi juventud.

Porque parece que el canadiense esta mas interesado en hablarnos de ciudad, de sus habitantes y vidas. De hecho, la rama argumental relativa a Skinner (el compañero de piso de Chevette) y su visitante japonés, aunque virtualmente accesoria para la trama,  es de lejos lo mas interesante del libro. Y este es uno de los grandes puntos de la novela (que mas tarde se desarrollaran en Idoru y, sobre todo, en Todas las fiestas de mañana): Esa amalgama de gente que, hastiada, se dedica a construir una alternativa sociedad casi tribal al margen de la propia ciudad es una idea maravillosa y sumamente interesante tanto visual como temáticamente.

Por ello puede parecer que tras la extensa y detallada presentación de personajes inicial, y el desarrollo del trasfondo histórico y social, el libro se va desinflando por el camino, como quedándose a medio gas.  De hecho, podríamos decir que baja el nivel tras la estupenda trilogía previa. Sin embargo, tras su lectura parece que Gibson nos ha dado un paseo por una ciudad del futuro (o al menos, el futuro que era en 1993) y nos deja con ganas de mas historias que transcurran en ese universo. En eso, es un autentico maestro. Afortunadamente vinieron después Idoru y Todas las fiestas del mañana para saciar esas ansias de conocer mas de ese mundo.

Un comentario en “Luz Virtual”

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