Calabazas…

Hoy he soñado con Helloween. Si, como lo oís. Estaba en una población indeterminada, cuando, en un recinto vallado, vi una enorme multitud delante de un escenario. En él, Michael Kiske arengaba a los presentes con sus supersónicos gritos mientras me unía a la multitud. Y he despertado, con unas ganas horribles de ponerme el Keeper of the Seven Keys II y con mas ganas aun de hablar de la que fue una de mis bandas de cabecera allá por los años 90.

En aquellos años de juventud, la banda sonora de mi vida la ponían Iron Maiden, Blind Guardian y, por supuesto,  el grupo que nos ocupa. Conocí a los teutones con uno de sus discos mas aplaudidos. Master of the Rings se llamaba y supuso,  aunque yo aun no lo sabia,  un regreso triunfal a la primera lineal del metal. Sole Survivor abre el disco y es aun uno de mis temas favoritos de la banda. Temazos como Perfect Gentleman o In the middle of a heartbeat , una pedazo balada de esas que se quedan, me hicieron casi decidir nombrarles como mi grupo favorito del mundo mundial, por encima de Iron Maiden. Aunque eso finalmente no pasó, en aquellos años 90 se ganaron un mas que digno segundo puesto en mi ranking metalero particular.

Y eso que aun no había catado las mieles de sus mas clásicos discos. Nadie me había prestado aun sus “Keeper” o su estupendo debut, pero en cuanto entraron en casa, todo un mundo nuevo se abrió ante mí. Keeper of the Seven Keys II y Walls of Jericho llegaron a mis oídos a la vez. Dos discos muy diferentes, pero que contenían  una calidad sobresaliente y una meteórica evolución de su sonido.

En su primer CD, que en su edición extendida juntaba su primer EP, Helloween, y Walls of Jericho, un esforzado Kai Hansen cantaba por encima de sus posibilidades mientras el doble bombo y las veloces melodías machacaban tus oídos. Y por ello, los temas eran rabiosos, rápidos, impredecibles. El Power Metal alemán estaba naciendo, y Helloween era su profeta. También comenzaba a adivinarse su sentido del humor, que tan característico les es hoy en día. Dios como flipé con Phantoms of Death o el imperecedero Ride the Sky. Al lado de Master of the Rings, su primera obra contenía un metal mas tosco, básico, que posteriormente refinarían en sus mastodóntica obra dedicada al guardián de las llaves y que a mi, me dejo extasiado.

Y es que una vez escuché los primeros compases de Eagles fly free, me enamore de Helloween del todo. Con Michael Kiske a las voces y aun con Hansen en la formación, la banda era el sueño de cualquier metal-head. Una formación que duró tan solo dos discos, ¡pero que dos discos! Y eso que aun pasarían muchos años hasta que pudiese escuchar su primera parte (sin internet, era lo que había entonces…) y disfrutar de Future World.

March of Time y I Want out son, aun hoy, mis temas predilectos del tercer álbum de la banda. Ambos con Hansen a las labores de composición. Y esa enorme canción compuesta por Michael Weikath que da titulo al disco: 13 minutos llenos de cambios de ritmo, solos, melodías imposibles… Leía y releía una y otra vez el libreto del disco siguiendo cada una de las estrofas al ritmo de la batería del malogrado Ingo Schwichtenberg. Weikath también aportaba dos clásicos de esos que se tararean con alegría y una sonrisa en la cara, Dr. Stein y Rise and Fall. El conjunto de canciones era simplemente perfecto. Un álbum enorme. Imperecedero.

Sin embargo, nada dura para siempre: Kai Hansen, descontento con el giro comercial que se estaba gestando en la banda,  abandonó la formación para dedicarse a sus grandes Gamma Ray. Después de la sustitución de uno de sus fundadores por Roland Grapow, Helloween dio un par de bandazos con dos extraños discos, Pink Bubbles go Ape y Chameleon, ambos con un estilo mas orientado al rock melódico, debido sobre todo a la implicación de Kiske en la composición de los temas. Sin ser malos discos en absoluto, si descolocaron a sus fans en aquellos años, haciendo que les diesen la espalda. Aun así, os recomiendo recuperar algunos temas de esa época como The Chance, Someone’s crying del primero, o I believe del segundo.

El bajo rendimiento de ambos discos fue el caldo de cultivo perfecto para que comenzaran los problemas internos entre los dos Michaels y, tras Chameleon, Weikath decide echar al supersónico vocalista. Previamente habían expulsado a Ingo durante la gira debido a sus problemas de drogadicción. Helloween parecía tocado de muerte. Weikath lo vio como una oportunidad para reconstruir la banda.  ¿Lo conseguiría? ¿estaba aun lo mejor por llegar?

Continuara…

2 comentarios en “Calabazas…”

  1. Poco que objetar. Chameleon y Pink Bubbles Go Appe fueron dos discos que nada tenía que ver con Helloween y, sin embargo, son dos discos muy interesantes, a mí me encantan. El problema es que tienen la firma “HELLOWEEN”. De haber sacado esos discos como rarezas, como ya hiciera la banda con Unarmed en 2010, o si los hubieran sacado bajo otro nombre, no tendrían tanto estigma. Yo no soy un talibán del Metal, pero entiendo el palo que se pudieron llevar los fans del grupo al escuchar Chameleon. Tuvo que ser un shock.

    En estos días me pondré más al día con tu blog.

    Un abrazo amigo.

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