Nunca llueve eternamente: El Cuervo

Mediados de Los 90. Lo triste se había adueñado de todo. Pasamos de la depresión espiritual del Grunge, al pozo negro de lo gótico. Y nosotros, imberbes pre-adolescentes, eramos el objetivo de esa nueva tendencia a oscurecerlo todo y a pintar de negro cualquier historia. Y aunque jamas me he puesto gabardinas ni botas negras, ni me he pintado con sombra de ojos, si que me deje hipnotizar por la que fue una de mis películas favoritas de la década, y una de las dos buenas películas que posee en su filmografia Alex Proyas. Me refiero, por supuesto, a la póstuma cinta de Brandon Lee, El cuervo.

Si, todos sabemos que se basa en un cómic de James O’Barr, y eso fue lo primero que vi de El cuervo, aquella edición de Norma Editorial , que en no pocas ocasiones me vi tentado de comprar en mi adorada Crisis Comics. Pero jamas lo hice, y en lugar de ello, devoré junto a mi hermano el VHS grabado por algún amiguete del cole con Canal+. Y fueron muchas veces…

Nos atrajeron sus calles nocturnas y lluviosas, su imagineria oscura y pseudo-apocalíptica, y como no, su carismático protagonista, un tristemente celebre Jason Lee. Secuencia tras secuencia, acompañábamos a su Eric Draven en una espiral de venganza, mientras nuestro querido cuarto cazafantasmas, no entendía nada.

Siempre quedara en mi recuerdo, la épica escena en la que Eric completa su transformación en El cuervo, con la cara pintada y el espejo roto, con la espectacular canción Burn de The Cure sonando. Porque la banda sonora era cremita; Rage against the machine, Pantera, The cure, Nine Inch Nails…

Frases lapidarias con cada muerte, una escopeta disparando anillos, una muerte por sobredosis con agujero en la mano incluida y frases que siempre quedaran como clásicas en el celebro de mi hermano y el mio: “Pichon, pichon..”, “No se puede volver!” y, no podía faltar, “nunca llueve eternamente”. ¡Como no nos iba a gustar! ¡por dios, ¿no lo habéis leído? ¡¡una escopeta disparando anillos!!
Y no podemos olvidar al villano, interpretado por Michael Wincott, actor al que siempre he tenido cariño, sobre todo a raíz de esta película y de su posterior aparición en Días ExtrañosAlien Resurreccion. Su mera presencia llena la pantalla, eso si, siempre parapetado por esa concubina chunga, que desprendía autentico mal rollo cada vez que aparecía en plano.

Al margen de la ya por todos conocida muerte de Lee, un autentico disfrute de película que aun da gusto ver hoy en día y que, pese a su estética tan anclada en los 90, no ha envejecido nada mal. Conoció varias secuelas de las cuales solo he visto la segunda, que tengo que revisionar y darle la oportunidad que no le di en su día por que, claro esta, no era como la primera…

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